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Trabajando por 
Venezuela

Imagen de: @hsiciliano

Desde el 1ero de Abril los Venezolanos hemos estado tomando las calles principales de nuestras ciudades para exigir nuestra democracia. En ese tiempo 46 personas, la mayoría de ellos muy jóvenes, han sido asesinadas por el régimen de Nicolás Maduro. 

Mi trabajo, que amo y me apasiona muchísimo, se siente tan frívolo, tan trivial en estos días. Mientras hay cerca de 700 manifestantes presos injustamente, muchos de los cuales han sido juzgados por corte militar, se siente incorrecto estar hablando de mi reciente viaje a parís, o de la mejor técnica para hacer salsa holandesa.  

La realidad que estamos viviendo los Venezolanos es espeluznante. La delincuencia, que desde hace décadas es de las peores del mundo, está en su más oscuro momento 

 pues la policía y demás fuerzas del estado están dedicadas únicamente a reprimir al pueblo Venezolano. 

Al salir de mi casa veo a diario a personas comer de la basura. No son personas en situación de calle. Son personas bien vestidas, educadas y profesionales. Son profesores, administradores o ingenieros. En cada cuadra se pueden ver tres o cuatro, a veces familias completas. Esas son las que más me duelen. Me rompen el alma. ¿como llego yo a mi casa a fotografiar un banquete de mariscos con la conciencia tranquila? Si bien yo no tengo la culpa de la situación por la que están atravesando estas personas, se siente como un problema tan mío como de ellos.  

En mi país hay gente trabajando en diferentes áreas de la resistencia. Algunos consiguen medicamentos para los heridos. Otros comida para los muchachos guerreros, aquellos que arriesgan sus vidas al frente de la represión con los estómagos vacíos. Otros fabrican escudos de madera en sus casas para protegerlos, pues acá las bombas lacrimógenas se utilizan como armas y se disparan a quema ropa, a la cabeza, con ganas de matar... Y matan. Estas personas que curan, que cuidan, que protegen, saben que en cualquier momento pueden ser llevadas presas, juzgadas en cortes militares y torturadas. ¿Tienen miedo? Si. ¿Lo dejan de hacer? No. Mi gente es valiente y necesita un cambio. 

Sé que esta es una lucha larga, por eso se llama "resistencia". No debo abandonar este espacio, ni a mis clientes o mis nuevos proyectos. Debo encontrar un balance dentro de este caos para no perder la cordura.

 

Agradezco los mensajes que me han dejado pidiéndome recetas o datos.  Espero poder enfocarme pronto de lleno en los temas ricos que tanto me inspiran. Mientras tanto, entiendan por favor que mi corazón está preso junto con los detenidos, enterrado junto con los caídos, hambriento, enfermo y sin medicinas.